sábado, 2 de mayo de 2009

Juego, set, partido y Liga

7 de mayo de 2008. Real Madrid 4 - FC Barcelona 1. El conjunto de Rijkaard sufría una doble humillación; primero al tener que hacerle el pasillo al Madrid de Schuster y después encajar una goleada que el alemán calificó de "cuando tienes posibilidad de golear, hay que aprovecharla".

2 de mayo de 2009. Real Madrid 2 - FC Barcelona 6. El conjunto de Pep Guardiola da un golpe de autoridad mayúsculo en el escenario propicio. Es humillante hacer el pasillo al eterno rival, pero aún lo es más caer en tu propio feudo, jugándote la Liga y con la mayor goleada encajada de toda la historia. Sólo ha pasado un año entre un derbi y el otro. Lo que es el fútbol.

Se las prometían muy felices los vigentes campeones de Liga. La prensa madrileña había puesto a hervir la olla a presión e incluso la Cibeles estaba preparada para la fiesta blanca. Parecía imposible que el Madrid no ganara el derbi y le diera un vuelco a esta Liga, que siempre ha sido del Barça. El mural desplegado por la hinchada madridista rezaba el mítico espíritu de Juanito: "Hasta el final". Y así fue, en el Bernabéu se acabó la Liga con un Barça estratosférico desplegando, probablemente, el mejor fútbol de toda la historia.

Guardiola salió con toda la carne en el asador. Fue valiente y apostó por sentenciar la Liga antes que pensar en la dificilísima vuelta en Stanford Brigde que le espera el próximo miércoles. La jugada no le pudo salir más redonda. Goleada en casa del eterno rival, Liga sentenciada y un juego espectacular.

Higuaín sembró la duda en Can Barça y la euforia en Chamartín al adelantar a los suyos a los trece minutos de juego. Sergio Ramos se deshizo con facilidad de Abidal y sacó un centro medido para que el 'Pipita' la empujara con la testa al fondo de las mallas. Parecía que el Madrid iba a calentar la Liga. Pero nada más lejos de la realidad.

Dos minutos tardó Messier Henry en dejar ver su clase y volver a demostrar que es como el ave Fénix y ha renacido de sus cenizas de gunner. Un pase excepcional de Messi, que no llega a despejar de tijera Ramos, le queda a los pies del francés que define excelentemente con el interior.

Puyol, el capitán, quiso aguar la fiesta de la Comunidad de Madrid y lo hizo por partida doble. Anotó el segundo tanto azulgrana y se sacó el brazalete de capitán y besó la senyera. Una imágen que será más recordada que los cortes de manga de Giovanni sin duda alguna.

Messi, que se estrenaba en el Bernabéu, firmó el tercero con el que se llegó al descanso. Xavi, sin lugar a duda el mejor jugador del partido, le robó la cartera a Lass. El balón llegó a las botas del astro argentino, que no perdonó ante Casillas.

Tras el descanso, el Madrid volvió a golpear en una de sus estocadas basadas en la raza y el orgullo. Sergio Ramos cabeceó al fondo de las mallas un saque de falta botado por Robben. Era el 2 a 3 y poco se imaginaban los de Juande cuál iba a ser el desenlace de la contienda.

Dos minutos más tarde, como en el primer tanto madridista, Henry volvió a poner las cartas sobre la mesa. Con un sutil toque elevó lo justo el cuero para que Casillas no llegara. El balón entró lentamente para regocijo de los aficionados culés que se aglutinaron en el Bernabéu. La liga era suya.

Messi volvió a meter el dedo en la llaga. Un pase excelente al hueco de Xavi llegó al argentino, que primero amagó y después anotó el quinto de la noche. La afición blanca empezaba a desfilar, y es que la humillación era máxima y eso que aún faltaba la guinda de un impresionante Piqué.

El central canterano, que está en un momento de forma expléndido, redondeó la noche con el sexto tanto histórico en el Bernabéu. Piqué se puso la camiseta de Eto'o y cuando parecía que iba a hacer el pase atrás, con Casillas y Cannavaro ya vendidos, se sacó un recurso de delantero centro puro y coló el balón pegado al primer palo. Sublime.

Seis veces pasaron en el plus el spot de Mahou de Casillas ofreciéndose para la gente que ha perdido el gol y seis goles encajó el mejor portero de mundo. Si el fútbol fuera justo, el Madrid debería haber hecho el pasillo a los azulgranas al finalizar el partido, porque sobre el campo ya fueron humillados y sólo pudieron quitarse el sombrero ante tal espectáculo.